Me he quedado colgada. Y a pesar de reiniciar mi disco duro una y otra vez, éste se niega a descolgarse, sigue colgado en el limbo de Neverland sin voluntad de volver a la cotidianidad del presente. Quién, cómo, qué ha provocado este efecto catatónico. La culpa no la tiene el cha-cha, la culpa la tiene una fecha en el calendario. El 18 de julio se celebró el nonagenario aniversario de Madiba para los compatriotas, Nelson Mandela, sin más, para el resto. Ese día el país de origen se lanzó a la carrera sin obstáculos para ganar el premio al más madibiano del país. El mejor situado en la línea de salida fue el último presidente del régimen apartheid, mister De Klerk, el cual felicitaba y agradecía a su antiguo enemigo, y ahora único colega de correrías transicionales en reconocerle la “grandeza” de poner fin a un sistema autoritario que algunos, sino muchos, de sus congéneres consideran una traición. A la derecha del “traidor”, por algo resido en zona afrikáner, se posicionaban compañías eléctricas, y de telecomunicaciones, las cuales han atizado sin compasión a los televidentes y viandantes con campañas publicitarias festejando una comunión nacional para desear felicidades a Madiba. Mi retina sigue poseída por alienígenas que sostienen en sus manos exuberantes pasteles de nata con el número 90. Mis ojos se abren y cierran, un sin cesar parpadeo para descubrir que no es una alucinación estacional (estamos en el invierno sudafricano). No. No son los reyes magos desembarcando en el cabo de las tormentas seguidos de niños hambrientos a la caza de caramelos lanzados al paso de la cabalgata real. Esos niños, muchos niños, van a la caza de otro objetivo menos dulzón. Niños porque a Madiba le gusta los niños, sí con lo que más disfruta en sus días de retiro es con la compañía de los niños. Y las antenas de todas las escuelas del país han captado la señal con el mensaje, todas excepto las escuelas privadas para los niños de raza blanca, asaltar las calles, plazas, estadios,… Alumnos cantarines de todo el país han sido expulsados a la invernal calle para corear happy birthday, una y otra, y una vez más. Salir niños del mundo y si Madiba cayera ir a buscarle. La cosa no quedó en una dosis de 24 horas sobre las aventuras y correrías de Nelson Mandela. La fiesta se prolongó durante todo el fin de semana porque, muy convenientemente, el 18 de julio ha caído en viernes. Al día le siguió otro día, al cual le acompañó la cena con sus compatriotas de partido. Junto al presente presidente del país, más el futuro presidente, el celebrado camarada de partido compartía los momentos ceremoniales para los discursos de buenas voluntades y palabras inocuas. En ese momento mi disco duro empezó a mostrar un funcionamiento extraño, desigual, discontinuo. Mi cabeza, sin aparente control, me abandonaba en busca de un rayito de sol en el cielo infinito, ensimismándose con la buena nueva de un trocito de claridad en el negro horizonte, descolocándose de dónde tenía la atención centrada: ¿quién puede matar a un niño?. La guinda de la maratoniana festividad madibiana fue la retransmisión nocturna de un concierto londinense, los niños cantarines ya habían sido recogidos de las calles, plazas, estadios…, la llegada de la nocturnidad trajo consigo una invasión de otras especies alienígenas. El asalto de los espacios públicos audiovisuales de Annie Lenox, Queen, Will Smit&mujer,…, y Simple Minds, terminó de colapsar mi disco duro. La imagen de Jimmy Kerr balanceando su barriga cervecera en un sin cesar de movimientos interrumpidos que resquebrajaban las carnes flácidas al unísono que la voz, fue demasiado escatológica. Ese escocés incapaz de entonar la sintonía de antiguos himnos, la mía quebró cacareando ¿Free Mandela?, provocó el definitivo colapso cerebral. No sé cuántas veces más tendré que reiniciar el disco duro para convencerme volver al presente. Un presente con la noticia, adecuadamente enterrada bajo el maratoniano aniversario nacional, de que la desigualdad económica en Sudáfrica es mayor hoy que durante el antiguo régimen autoritario. La transición a la democracia que consiguió convertir en emblema generacional: un hombre, un voto, hoy es una de las democracias más injustas en el mundo. Traducido a la esencia de lo básico: hay pobres más pobres, y hay ricos más ricos en Sudáfrica. El movimiento y partido de izquierdas que lideró, y gobierna desde entonces, al país en la transición democrática desde el sistema autoritario impuesto por la raza blanca, no ha sido capaz de restaurar una justicia social, suscrita en los discursos de liberación pronunciados por Madiba hace ahora 14 años, la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos sudafricanos. El último informe sobre el desarrollo social del país, cocinado por el gobierno, presenta un panorama desolador para aquellos que nacen dentro de una familia negra de clase media o baja. Este informe recoge los datos del año 2007 no reflejando la catastrófica situación presente de la mayoría de los ciudadanos, engullidos por el endeudamiento para hacer frente a la subida de precios de los alimentos. En un año, la cesta de la compra ha subido un 100% y, sin intención de abandonar la marcha del subidón, cada mes los precios suben y suben, como la espuma de la caña de cerveza que ahora no pueden permitirse, para la desesperación de aquellos que acuden todos los días a los mostradores de los supermercados. El precio de la gasolina sigue disparada, las eléctricas se han apuntado a la fiesta de los beneficios netos,… Sobrevivir hoy en este país es mucho más duro que un año atrás. Negro carboncillo es el color del futuro cercano en Sudáfrica. Qué quieren los ciudadanos sudafricanos un nuevo Mesías o nuevas políticas redistributivas no contaminadas por la corrupción, es el momento de pensar en ello con las próximas elecciones generales a la vuelta de la esquina, pero esa es otra historia y yo continuo colgada…
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Sobredosis de Madiba
Publicado Julio 24, 2008 Sudáfrica 2 ComentariosTags: ANC, aniversario, igualdad de oportunidades, Madiba, Simple Minds
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