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Redención sin justicia

Un comentario de un sudafricano de raza blanca de origen británico, para más señas, me ha provocado tal revolcón estomacal que ha conseguido exorcizar el influjo de la pereza blogera que dominaba en mí. Para sacudir el anquilosamiento he pinchado Voodoo Chile blues y todo ha empezado a fluir… La cosa huele mal, apesta, hemos sido agraciados por los sentidos que nos avisan, que nos alertan: alejarse del mal olor. Y huele mal. El buen quehacer de la comunidad judía ha conseguido que el olvido no gane la guerra contra el olor fétido, todavía. Los alemanes siguen vistiendo el traje de la culpabilidad por los crímenes cometidos por una generación, arrastrando las pesadas cadenas de la conciencia cristiana europea. El holocausto tiene su día mundial de conmemoraciones por doquier, gracias a la laboriosa acción de los diplomáticos israelitas dentro de la plataforma de las Naciones Unidas, y gracias a los grandes estudios hollywoodenses no pasan muchos años entre producción y producción de temática “nuestros héroes y nuestras víctimas del gran crimen contra la humanidad”. Si alguien nos preguntara cuál es el crimen contra la humanidad más importante del siglo XX, no dudaríamos en contestar: la exterminación judía del Tercer Reich. El quehacer de la pequeña comunidad judía debería ser modelo a tener en cuenta en procesos de memoria histórica. 58 años y no hemos olvidado. Sus criminales han sido buscados y exterminados. Ojo por ojo, diente por diente. Los enriquecidos a la sombra del crimen siguen siendo señalados por el dedo acusador y toda una generación de alemanes sigue aplicando la ley del silencio y la inclinación de cabeza para someterse al mea culpa. El olvido no comulga con el perdón y el perdón no va de la mano del olvido. Las cosas pueden no salir bien cuando no se cumple la obviedad. Y estamos en Sudáfrica. Y tengo melancolía del quehacer judío. El infierno fue real en Sudáfrica para el 90% de la población condenada a la esclavitud. El infierno es real en Sudáfrica para el 60% de los ciudadanos negros condenados a la violencia económica. Dónde está el perdón comunitario de los culpables. No existe una sola generación, hay muchas generaciones de sudafricanos blancos que desarrollaron, sostuvieron y comulgaron con la condena de por vida a la esclavitud del hombre negro. Millones de personas fueron sometidas en vida al infierno durante 40 años. El infierno no fue destruido con las bombas americanas y el ejercito rojo. El infierno se desvaneció de un día para otro permitiendo que los cantos de sirenas guiaran sus restos a plácidas tierras. El artilugio de la comisión de la verdad, vanagloriado en palaciegos rincones, ha sido un instrumento de redención que no de justicia. Si no se reconoce el crimen no existen criminales. Dónde están las ordenes de busca y captura de los criminales del apartheid. ¿El apartheid fue un crimen contra la humanidad?. ¿Negros africanos son humanidad? ¿Millonarios blancos son criminales?. Reconocemos los crímenes contra la humanidad a través de los tribunales de Nuremberg, la exYugoslavia, Ruanda, Sierra Leona. Eso quiere decir que si no hay tribunal internacional amparado por las Naciones Unidas, entonces, no existe crimen contra la humanidad, o quizás es necesario la guerra como instrumento de reconocimiento masivo del crimen infligido. El fin del apartheid no vino de la mano de la destrucción total y la nueva Sudáfrica no apareció de la nada. Y sólo es posible un renacer desde las cenizas, cual ave fénix. Es posible pasar página sin justicia. Fue un crimen contra la humanidad o no lo fue. Las prisiones están vacías de los criminales que impusieron el infierno a millones de sudafricanos, los enriquecidos al calor de la hoguera siguen disfrutando de suculentas licencias de explotaciones de recursos naturales. Pues dudamos: fue o no fue un crimen. Dónde está el buen quehacer de la comunidad judía. Dónde están los criminales del apartheid hoy ¿eliminados?…..Y todo esto porque no consigo desprenderme de las palabras de blancos sudafricanos denunciando la situación de hombres y mujeres blancas castigados por el látigo de la pobreza, mofándose del mal quehacer negro. Quizás mi daltonismo me impide distinguir a los blancos residentes en los townships… sí, quizás ese es mi problema. Por favor si localizas a uno en estas imágenes serás premiado con un tirachinas marca Madiba, no es válido la blanca que realizó la grabación. …

Adivina, adivinanza de qué color es el dueño y señor de las minas de cobres, diamantes,… en la actual Sudáfrica. Es necesario aplicar justicia para que los criminales no olviden el crimen cometido y sean perdonados.. Pero esa es otra historia….

Ser afrikáner

El temperamento de los afrikáners se asemeja a su lengua, abrupta, ruda y sin armónica melodía. Altivos, desconfiados, e inhóspitos seres que habitan en un lugar al que pertenecen por derecho de sangre. La sangre derramada por aventureros europeos, buscadores de tierras donde echar las raíces de un pueblo y dibujar una patria. No debe ser fácil nacer y crecer en un medio adverso, construido a sangre y fuego por aquellos que condenaron a otro pueblo a la no existencia. El reino de las tinieblas que edificaron no podía durar siempre, no existe un escondite que dure una eternidad. A las tinieblas le sigue el reino de la luz, cegadora para aquellos que se resisten a abandonar sus posesiones. Y aquí están luchando por sus posesiones, seres melancólicos por lo perdido, la tierra, el dominio, la razón misma de la existencia. Afrikáner denominación de origen Sudáfrica. Luchan por mantener la raza pura, son pocos y todo está en su contra. Incomprendidos refugiados en reservas, luchan por no desaparecer, porque son los últimos y cuando ellos no estén, su nombre será desterrado a los archivos de la historia negra de la humanidad. Y ahí están siendo parte de la inmensidad y circunscritos a un purgatorio. La reserva afrikáner. Las relaciones interpersonales se edifican desde la niñez, se mantienen los mismos lazos que visten una vida, compañeros de las mismas escuelas, mismos institutos, mismas universidades, matrimonios puros, embriones monocolor. Viven en la reserva que han levantado tras el advenimiento de la luz. Comen, beben, fornican siempre dentro de esos lindes protegidos de los otros. No pueden permitirse la mezcla, perderían la batalla contra aquellos que no entienden su guerra. Verse solos ante el mundo los convierten en toscos habitantes que no buscan toparse con lo desconocido. Extraño pertenecer a algo que sabes ya desaparecido y que nunca volverás a recuperar, hay quienes querrían ver en ellos a los últimos románticos, los desposeídos parias que ofendieron a sus antepasados europeos con la edificación del reino de las tinieblas. Otros han ocupado los puestos de mando, son los liberados. Desposeídos convertidos en poseídos, esclavos convertidos en amos. El arco iris ilumina los afrikáner rostros condenados al purgatorio. El infierno llegará, pero primero debe ser cumplida la condena.

afrikáner fuera de la reserva


Al Jazeera reporter