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La sacrosanta administración

Aviso a navegantes: ¿fraternidad sudafricana? Secuestrada; ¿hospitalidad sudafricana? Secuestrada; ¿la marca Mandela? Secuestrada por especímenes reconocibles por doquier, quizás uno de ellos se encuentra justo a tu derecha, o encima de ti, mira con cautela porque el próximo secuestrado puedes ser tú. Esta semana me he topado con algunos de ellos, esos, que aunque te niegues a reconocerlos por el método de la avestruz, siempre están ahí. Procedo de los lindes de la Unión Europea y como cualquiera de los extranjeros caídos del cielo en territorio sudafricano me ha tocado lidiar con el funcionariado de inmigración. Un visado es mi meta. La llegada del día de su tramitación lo había estado posponiendo porque sabía muy bien a lo que debía enfrentarme. La fraternidad y hospitalidad sudafricana es una entelequia todavía por descubrir, y la brutalidad está impresa en negro sobre blanco. Nada es fácil en este país, y eso hace mella en los caracteres de los especímenes que residen al sur del continente africano. Yo sabía a lo que debía de enfrentarme. La oficina de inmigración está controlada por algunos de esos especímenes. Esta vez han tomado la forma de mujeres, jóvenes algunas viejas otras, dispuestas como muñecas rusas al otro lado de un mostrador, por inercia, la que mensualmente alimenta sus cuentas corrientes, se mueven de derecha a izquierda, hacia delante hacia atrás, deslizándose sin rudos movimientos, como si visualizáramos una secuencia a cámara lenta, cada acto de estas muñecas rusas es único. Muy diferente es el ritmo de los que llegamos al otro lado del mostrador, locomotoras a marcha forzada por llegar a la meta de la carrera de salto de obstáculos, nuestro permiso de residencia en Sudáfrica. Primeros, segundos, terceros,…, hasta conseguir tocar con nuestras puntas de los dedos el preciado sello. Pero no estoy sola. A pesar de ellos, el calor humano está integrado en cada una de las partículas del aire secuestrado en la sala de espera de tramitación de visados. Africanos de todas partes reunidos, día tras día, en un mismo cuarto, a sabiendas de que allí uno llega para dejar pasar las horas. Historias que contar, rebeldía que compartir. La impotencia une y nos hace iguales frente a la brutalidad de los funcionarios de la administración sudafricana, que siguen ahí, sólo debes levantar la vista y divisarlas deslizándose a cámara lenta de izquierda a derecha, adelante, atrás. Son reconocibles sus voces pero se pierden en el espacio infinito. Acertijos. A quién se dirigen. A ti, a mí, a él, a ella. La boca de mi muñeca gesticula mientras la miro y de ella salen sonidos transformados en palabras, a veces con sentido y muchas otras sin él, pero a dónde se dirigen, cuál es el objetivo del disparo, yo o el de mi izquierda, un acertijo. Alzo mi brazo, alzo mi voz, me excuso, una y otra vez, pero nada de nada, está bien entrenada para evitar mi mirada, la de los del otro lado del mostrador. La mala hostia que controlas no se escape por las orbitas de tus ojos o de tu boca te consume, y la impotencia de saber que debes abandonarte a ser consumida por la ira te descompone, porque ellas tienen el poder, y no escatiman una oportunidad para recordártelo. ¿Reconoces algún espécimen?…. Noticia de última hora, pueden localizar a los secuestradores de la marca Mandela en las calles de Londres, especímenes de varias nacionalidades han encadenado al líder del pasado en el presente del merchandising. Hoy el telediario sudafricano ha hecho público el aumento del número de violaciones a niños, mujeres, secuestros y robos respecto al año anterior; y yo he conseguido mi visado;  y Mugabe ha ganado las elecciones presidenciales, pero eso es otra historia…


Al Jazeera reporter