Las pistolas están desenfundadas. La campaña navideña está siendo un castigo enviado por los dioses. La vuelta a casa y los gastos requeridos en estas fechas de gozo y hermandad familiar se han transformado en actos de penitencia más acorde con los faustos de la semana santa que con la celebración del nacimiento del nuevo mesías. Para más inri estamos en plena temporada vacacional veraniega sudafricana: gasolina más cara, comida más cara, factura eléctrica más cara y menos turistas donde rascar una limosna.
En el lado terrenal otra campaña está en marcha: preparar el aterrizaje en la presidencia del país de Jacob Zuma. Al nuevo mesías del ANC le gusta revolcarse en el lodo de las bases del partido, cosa muy distinta de su predecesor inmediato Thabo Mbeki. En un orquestada ruta popular, a imagen y semejanza del camino de Santiago, Zuma está visitando los centros de las bases de apoyo del partido de Mandela, siempre de la mano de los líderes del partido comunista y la federación de sindicatos (cosatu) con los que el ANC comparte una alianza de gobierno. Una vez más a diferencia de su predecesor, quien no compartía este sentimiento de hermandad con las fuerzas de izquierda del país a los cuales incluso aíslo de cualquier proceso de decisión. La caravana conducida por Zuma ha parado en aquellos lugares no frecuentados por blancos sudafricanos. Zonas rurales devastadas por la pobreza, la violencia y el sida, y Townships dormitorios de la población negra en las periferias de las grandes ciudades del país, han sido auditorios donde se han escenificado las declaraciones de amor y de esperanza de una población cansada y traicionada por sus camaradas. Pero esto no está pasando. Cual procesión de semana santa, la pasión al divisar el paso del nuevo mesías se siente, se mastica, se puede tocar. Pero esto no está pasando. Otra realidad es proyectada en las salas de cine de la otra Sudáfrica. Los periódicos nacionales, en los cuales Zuma es el nuevo demonio populista violador y corrupto (todavía ningún tribunal sudafricano ha condenado de tales cargos al señor Zuma), siguen manteniendo que el ANC está perdiendo apoyo entre las bases del partido tras la elección del nuevo ejecutivo y la abrupta desmembración de éste.
Cómo es posible, se pregunta una, quizás hubo un golpe de partido durante la celebración de las primarias no aceptado por la mayoría de los votantes y comandancia del ANC. El presidente del partido del ANC, y subsiguiente candidato presidencial para el país, es elegido a través de un proceso democrático en el cual las delegaciones provinciales de la organización, tras consultar a las delegaciones locales, eligen a su candidato preferido al que deberán votar los emisarios provinciales en la conferencia nacional de delegados. El pasado diciembre de 2007, durante la celebración de la 52º conferencia nacional del partido en Polokwane, Jacob Zuma se impuso a Thabo Mbeki con 2 329 votos, frente a los 1 505 de Mbeki, no fue algo inesperado resuelto por caprichosos ciudadanos de Olimpos. No. Si una va a la lista de candidatos propuestos por los distintos consejos provinciales de delegados del partido se puede ratificar que los delegados ejercieron su mandato imperativo y votaron lo que les fueron encomendado por las bases. Ninguna sorpresa, las bases del ANC decidieron pero no todos comulgaron. No son pocos los agraviados en las luchas internas del partido que acompañan a cualquier cambio en las altas esferas de las comandancias. Fidelidad es el ingrediente más valorado y exigido en las comilonas del poder y el ANC sigue operando bajo una disciplina partidista estalinista. Nuevos jefes, nuevos soldados rasos. Y como suele ocurrir en estos folletines de poder la revuelta interna no está siendo pacífica. El ANC está en la sala de operaciones. Aunque el desmembramiento de un cuerpo puede transformarse en una operación quirúrgica de regeneración, la angustia aparece la primera en la mesa de operaciones anunciándonos el dolor que deberemos sufrir para poder salir con éxito de la operación regenerativa. El ritmo frenético seguido por los cirujanos del Congreso Nacional Africano no es apto para cardiacos. El tic-tac está sobre sus cabezas a cuatro meses de la celebración de las elecciones presidenciales donde se pondrá a prueba la vitalidad del renovado cuerpo. De una rajada se ha extirpado la cabeza, aquella zona infectada más visible al ojo humano: Thabo Mbeki. Varios miembros de las ejecutivas nacionales y provinciales del partido ANC han anunciado su salida del partido que los dio la vida como animales políticos y los formó para trabajar para el partido. La regeneración no sólo se da en el cuerpo enfermo, las partes infectadas extirpadas siguen su curso vital transformándose en algo nuevo, un partido político ya oficialmente llamado el Congreso del Pueblo (COPE).
Protagonistas externos como los medios de comunicación juegan su papel no informativo en estas aguas revueltas. En los días previos a la elección de la nueva ejecutiva del ANC, con Zuma a la cabeza, los medios de comunicación del país, y por lo tanto la prensa extranjera acreditada, vaticinaban el debacle de Zuma y la consagración de Mbeki, a pesar de que en los meses previos los consejos provinciales ya mostraron su hermandad con el nuevo mesías. La desmembración del partido, y la presentación oficial del nuevo partido COPE, ha desbordado el regular caudal de artículos sobre el debacle del partido en el poder, implorando las gracias del nuevo partido y las desgracias del viejo partido. Por qué los medios de comunicación no consiguieron anticiparse a los acontecimientos. Por qué los medios de comunicación nacionales e internacionales siguen manteniendo que Zuma está sangrando el capital social del partido. Fácil de entender si uno mira por encima del hombro del que está delante de una y se niega a bailar la sonata del pánico: qué viene el lobo izquierdista. Quizás para entender lo que pasa en los medios escritos y de renombre de este país hay que explicar que sólo existe una tirada de 600 000 ejemplares de diarios escritos en un país de cerca 50 millones de personas de las cuales más de la mitad son pobres y negros, traducido llanamante: no pueden permitirse comprar un diario. Los medios escritos están destinados a esa minoría blanca y liberal que vive en un paraíso de ensoñaciones pasadas y recreaciones artísticas presentes.
A pesar de la imagen proyectada por los medios de comunicación, esos que el 90% de la población no lee y son alimento de prensas extranjeras, el ANC se ha tirado a la carretera para probar su capacidad movilizadora. Para ello el partido en el gobierno ha lanzado una campaña de participación popular. Una invitación a todos los ciudadanos sudafricanos a expresar sus preferencias a través de la popular vía de movilización de masas en los actuales tiempos, y para alegría de las compañías de telecomunicaciones: el sms. Su objetivo construir un nuevo manifiesto con la aportación de “todos”. Una caravana popular conducida por el mismo Zuma, y co-pilotado por comunistas y sindicalistas, ha recorrido las carreteras sudafricanas. Siguiendo la caravana del nuevo rey por las zonas más devastadas de este país donde el arco iris no toca tierra, tierras que vieron nacer y crecer a los santos del partido Mandela, Sisulu, Tambo, Hani …, una puede sentir, masticar, tocar los vientos de esperanza que se han alzado en los corazones de millones de camaradas. Siguen aferrados a la esperanza de llegar a la tierra prometida de la mano de los liberadores del apartheid, creen que ahora les ha llegado su hora y siguen los pasos de su nuevo mesías. Los discursos, hasta ahora vacíos, de lucha contra la pobreza, contra el 40% de desempleo, el sida, por una equitativa redistribución de la riqueza, por los derechos de una asistencia sanitaria universal, y por una educación gratuita universal, pueden que se llenen de contenido, o puede que no. Pero los miedos también se sienten, se mastican, se tocan en el lado blanco. Miedos al oír los cantos a persistir en la lucha “Awuleth mashini wani” (pásame la pistola) que el rey Zuma canta y baila en todo evento y celebración, arma sonora comercializada por compañías telefónicas y que muchos ya han descargado en sus móviles como tono de llamada para pánico de los blancos.
Una canción popular de llamada al combate emblema del desaparecido brazo armado del ANC durante los tiempos negros del apartheid, canción inscrita en la tradición de los grandes guerreros zulús que apelan a la lucha para no perder la guerra. Y como el líder sindicalista Zwelinzima Vavi defiende: “cuando cantamos “umsbini wani” reivindicamos los recuerdos de nuestro pasado reciente de lucha, que sigue inspirándonos a aquellos de nosotros que seguimos teniendo una razón para luchar. Quizás otros han llegado a la tierra prometida, pero la clase trabajadora y los pobres de este país siguen en el camino”. Quizás el nuevo rey guíe al pueblo elegido a la tierra prometida, Jerusalén, o quizás una vez más sean cantos de sirena que les dirigen hacia el abismo, pero eso es otra historia… En mi camino de peregrinación junto a la caravana de Zuma bailando Awuleth mashini wani…
Un par de cosas (sin ánimo alguno de dorarte la píldora).
1. Cada vez lo haces mejor.
2. Me gustaría que tuvieses algún contacto para publicar estas cosas por aquí en algún sitio (si es que no lo haces ya, porque desconozco detalles de tu existencia).
3. Sugerencia: ¿por qué no intentas trabajarte un par de artículos y los envías a algún medio (de estos repugnantes de aquí)?.
Si hago alguna cosa al cabo del día es leer periódicos, y veo que lo que tú haces está de sobra al nivel de “venderlo” a los mercaderes. Hazme el favor e inténtalo, no seas perra. Con un par de correcciones estaría listo para empaquetar.
Venga palante.
Por cierto, ayer estuve viendo “Los limoneros”, muy apropiada para la ocasión. Es alucinante la ofensiva preelectoral israelí y el ataque preentrega de poder en EEUU, aunque yo no me fiaría un pelo de la nueva administración Obama que está a todas luces al tanto de todo ésto. Ya veremos.
Una última cosa. El gobierno del PSOE quejándose a voz en grito de la intervención en Gaza, y con el mazo dando en la otra mano extradita esta semana a un Checheno que había pedido asilo político hace dos años huyendo de la mafia del Kremlin. Qué asco. Y saben de sobra que en cuanto desembarque del avión desaparecerá por arte del birli birloque.