Ejecución pública del César Thabo Mbeki

El golpe de estado de la ejecutiva del ANC al presidente de la república me ha lanzado cual torpedo a las profundidades de la caverna de las sombras. Unos ojos cristalinos rotos y una voz fluyendo entre el temblor y la firme sequedad sonora me ha hecho dudar, será verdad lo que sus adversarios airean por los corrillos de poder: el emperador sudafricano caído es un hombre maquiavélico, un oscuro ser de movimientos serpentinos. Me resistía a creer eso de él. Él estaba destinado a regentar uno de los rincones de este santuario de almas perdidas. Me cuesta creer que una vida en sacrificio a una causa, una vida construida por otros que no por él fuera barrida sin pestañear de los anales de los héroes del movimiento de liberalización sudafricano. Una vida a cambio de una causa, un partido, el ANC. Qué extraño en estos días. Thabo Mbeki no conoce el significado de descubrirse en la adolescencia, de abandonarlo todo por un amor de verano, ni el dolor de reconstruirse trocito a trocito tras una caída sin paracaídas por el terraplén. Thabo no eligió la vida que el partido tenía destinada para él. Nacer en una familia de activistas políticos, con un padre miembro clave del partido comunista, y una madre devota a su marido, predestinó la vida de un niño nacido en una sagrada familia. Una planificación al detalle de una trayectoria vital. Thabo Mbeki fue arrancado del núcleo familiar, exiliado en la adolescencia, y adoctrinado e instruido para servir al partido. Sus estudios, sus lugares de residencia, su mujer fueron cuidadosamente seleccionados por otros que no por él. Y el final ha sido la última representación en su vida pública impuesta por el partido, el césar ha sido ejecutado en la plaza pública, el parlamento. Los cuchillos ejecutores penetraron sin dificultades en unas carnes flácidas por el cansancio de la penitencia recorrida. Varios han sido los Brutos y Brutas, diputados y diputadas, que empuñaron el cuchillo de la traición por una causa mayor, la supervivencia del partido de la mano de su nuevo emperador Jacob Zuma. Me pregunto cuánta dosis de cinismo debe ser necesario para sobrevivir a una traición como la presente tras la ofrenda de una vida a los caprichosos dioses del Olimpo. La representación de la tragedia sudafricana no desmerece a los maestros griegos y romanos, mis ojos sucumbieron a las torrenciales aguas. No he dejado de darle vueltas al sentido o al sin sentido de dar una vida en sacrificio a algo tan inmaterial y voluble como un movimiento de liberalización. No he dejado de preguntarme estos días cuándo Thabo Mbeki sucumbió a las hermosas sonatas del poder susurradas al oído, armonías para ser escuchadas solamente por el elegido. Cuándo olvidó que a un mesías le sigue otro mesías. Cuándo olvidó que los dioses del Olimpo nunca desaprovechan una oportunidad para mostrar su naturaleza implacablemente caprichosa. Aquellos que serán alzados como nuevos mesías que tomen nota de esta última representación. El rey en el trono lo pone el partido y el partido lo quita. Dudas, quién debe regentar el poder de poner o quitar a reyes y reinas, los votantes, los partidos, los dioses,…. No puedo quitarme de la cabeza al César que olvidó quién le aupó al poder, que se negó a escuchar, que se creyó el elegido para convertir a Roma en un nuevo fastuoso Olimpo, y terminó traicionado en la casa de los patricios, asesinado por y para la República. En el 2008 el ANC ha escrito una nuevo capítulo, que no el último, de los anales de los Césares. Qué extraña familia ésta, sin adscripción ideológica pero que va de la mano de marxistas-leninistas, donde uno se tropieza con oportunistas miembros enriquecidos a la sombra del estado gracias a políticas económicas, marca consenso de Washington, diseñadas por Thabo Mbeki; con reconocidos miembros feministas que van de la mano de tradicionalistas defensores de la poligamia y la prueba de la virginidad,… Ese extraño baturrillo de colores y músicas tiene un nuevo césar zulú, Jacob Zuma.  Mientras es preparada la llegada del nuevo mesías al trono un gris funcionario del partido cuidará de los asuntos de estado. Sigo sin discernir cuál fue la imperdonable traición de Thabo Mbeki a los dioses; y sigo sin entender por qué Jacob Zuma buscaba mi mirada entre los corredores de la casa pública, estará buscando aumentar su harén de seis esposas a siete con una española no inscrita en el califato de Córdoba. Los caprichos de los dioses del Olimpo son…, no esa es otra historia.

 

 

1 Respuesta a “Ejecución pública del César Thabo Mbeki”


  1. 1 Joputa Octubre 1, 2008 a las 3:44 pm

    Ese último párrafo es realmente interesante… Suena bien Ainara Zuma…. Parece hasta euskera…


Escribe un comentario




Al Jazeera reporter