Archivos para Julio 2008

Sobredosis de Madiba

Me he quedado colgada. Y a pesar de reiniciar mi disco duro una y otra vez, éste se niega a descolgarse, sigue colgado en el limbo de Neverland sin voluntad de volver a la cotidianidad del presente. Quién, cómo, qué ha provocado este efecto catatónico. La culpa no la tiene el cha-cha, la culpa la tiene una fecha en el calendario. El 18 de julio se celebró el nonagenario aniversario de Madiba para los compatriotas, Nelson Mandela, sin más, para el resto. Ese día el país de origen se lanzó a la carrera sin obstáculos para ganar el premio al más madibiano del país. El mejor situado en la línea de salida fue el último presidente del régimen apartheid, mister De Klerk, el cual felicitaba y agradecía a su antiguo enemigo, y ahora único colega de correrías transicionales en reconocerle la “grandeza” de poner fin a un sistema autoritario que algunos, sino muchos, de sus congéneres consideran una traición. A la derecha del “traidor”, por algo resido en zona afrikáner, se posicionaban compañías eléctricas, y de telecomunicaciones, las cuales han atizado sin compasión a los televidentes y viandantes con campañas publicitarias festejando una comunión nacional para desear felicidades a Madiba. Mi retina sigue poseída por alienígenas que sostienen en sus manos exuberantes pasteles de nata con el número 90. Mis ojos se abren y cierran, un sin cesar parpadeo para descubrir que no es una alucinación estacional (estamos en el invierno sudafricano). No. No son los reyes magos desembarcando en el cabo de las tormentas seguidos de niños hambrientos a la caza de caramelos lanzados al paso de la cabalgata real. Esos niños, muchos niños, van a la caza de otro objetivo menos dulzón. Niños porque a Madiba le gusta los niños, sí con lo que más disfruta en sus días de retiro es con la compañía de los niños. Y las antenas de todas las escuelas del país han captado la señal con el mensaje, todas excepto las escuelas privadas para los niños de raza blanca, asaltar las calles, plazas, estadios,… Alumnos cantarines de todo el país han sido expulsados a la invernal calle para corear happy birthday, una y otra, y una vez más. Salir niños del mundo y si Madiba cayera ir a buscarle. La cosa no quedó en una dosis de 24 horas sobre las aventuras y correrías de Nelson Mandela. La fiesta se prolongó durante todo el fin de semana porque, muy convenientemente, el 18 de julio ha caído en viernes. Al día le siguió otro día, al cual le acompañó la cena con sus compatriotas de partido. Junto al presente presidente del país, más el futuro presidente, el celebrado camarada de partido compartía los momentos ceremoniales para los discursos de buenas voluntades y palabras inocuas. En ese momento mi disco duro empezó a mostrar un funcionamiento extraño, desigual, discontinuo. Mi cabeza, sin aparente control, me abandonaba en busca de un rayito de sol en el cielo infinito, ensimismándose con la buena nueva de un trocito de claridad en el negro horizonte, descolocándose de dónde tenía la atención centrada: ¿quién puede matar a un niño?. La guinda de la maratoniana festividad madibiana fue la retransmisión nocturna de un concierto londinense, los niños cantarines ya habían sido recogidos de las calles, plazas, estadios…, la llegada de la nocturnidad trajo consigo una invasión de otras especies alienígenas. El asalto de los espacios públicos audiovisuales de Annie Lenox, Queen, Will Smit&mujer,…,  y Simple Minds, terminó de colapsar mi disco duro. La imagen de Jimmy Kerr balanceando su barriga cervecera en un sin cesar de movimientos interrumpidos que resquebrajaban las carnes flácidas al unísono que la voz, fue demasiado escatológica. Ese escocés incapaz de entonar la sintonía de antiguos himnos, la mía quebró cacareando ¿Free Mandela?, provocó el definitivo colapso cerebral.  No sé cuántas veces más tendré que reiniciar el disco duro para convencerme volver al presente. Un presente con la noticia, adecuadamente enterrada bajo el maratoniano aniversario nacional, de que la desigualdad económica en Sudáfrica es mayor hoy que durante el antiguo régimen autoritario. La transición a la democracia que consiguió convertir en emblema generacional: un hombre, un voto, hoy es una de las democracias más injustas en el mundo. Traducido a la esencia de lo básico: hay pobres más pobres, y hay ricos más ricos en Sudáfrica. El movimiento y partido de izquierdas que lideró, y gobierna desde entonces, al país en la transición democrática desde el sistema autoritario impuesto por la raza blanca, no ha sido capaz de restaurar una justicia social, suscrita en los discursos de liberación pronunciados por Madiba hace ahora 14 años, la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos sudafricanos. El último informe sobre el desarrollo social del país, cocinado por el gobierno, presenta un panorama desolador para aquellos que nacen dentro de una familia negra de clase media o baja. Este informe recoge los datos del año 2007 no reflejando la catastrófica situación presente de la mayoría de los ciudadanos, engullidos por el endeudamiento para hacer frente a la subida de precios de los alimentos. En un año, la cesta de la compra ha subido un 100% y, sin intención de abandonar la marcha del subidón, cada mes los precios suben y suben, como la espuma de la caña de cerveza que ahora no pueden permitirse, para la desesperación de aquellos que acuden todos los días a los mostradores de los supermercados. El precio de la gasolina sigue disparada, las eléctricas se han apuntado a la fiesta de los beneficios netos,… Sobrevivir hoy en este país es mucho más duro que un año atrás. Negro carboncillo es el color del futuro cercano en Sudáfrica. Qué quieren los ciudadanos sudafricanos un nuevo Mesías o nuevas políticas redistributivas no contaminadas por la corrupción, es el momento de pensar en ello con las próximas elecciones generales a la vuelta de la esquina, pero esa es otra historia y yo continuo colgada… 

La sacrosanta administración

Aviso a navegantes: ¿fraternidad sudafricana? Secuestrada; ¿hospitalidad sudafricana? Secuestrada; ¿la marca Mandela? Secuestrada por especímenes reconocibles por doquier, quizás uno de ellos se encuentra justo a tu derecha, o encima de ti, mira con cautela porque el próximo secuestrado puedes ser tú. Esta semana me he topado con algunos de ellos, esos, que aunque te niegues a reconocerlos por el método de la avestruz, siempre están ahí. Procedo de los lindes de la Unión Europea y como cualquiera de los extranjeros caídos del cielo en territorio sudafricano me ha tocado lidiar con el funcionariado de inmigración. Un visado es mi meta. La llegada del día de su tramitación lo había estado posponiendo porque sabía muy bien a lo que debía enfrentarme. La fraternidad y hospitalidad sudafricana es una entelequia todavía por descubrir, y la brutalidad está impresa en negro sobre blanco. Nada es fácil en este país, y eso hace mella en los caracteres de los especímenes que residen al sur del continente africano. Yo sabía a lo que debía de enfrentarme. La oficina de inmigración está controlada por algunos de esos especímenes. Esta vez han tomado la forma de mujeres, jóvenes algunas viejas otras, dispuestas como muñecas rusas al otro lado de un mostrador, por inercia, la que mensualmente alimenta sus cuentas corrientes, se mueven de derecha a izquierda, hacia delante hacia atrás, deslizándose sin rudos movimientos, como si visualizáramos una secuencia a cámara lenta, cada acto de estas muñecas rusas es único. Muy diferente es el ritmo de los que llegamos al otro lado del mostrador, locomotoras a marcha forzada por llegar a la meta de la carrera de salto de obstáculos, nuestro permiso de residencia en Sudáfrica. Primeros, segundos, terceros,…, hasta conseguir tocar con nuestras puntas de los dedos el preciado sello. Pero no estoy sola. A pesar de ellos, el calor humano está integrado en cada una de las partículas del aire secuestrado en la sala de espera de tramitación de visados. Africanos de todas partes reunidos, día tras día, en un mismo cuarto, a sabiendas de que allí uno llega para dejar pasar las horas. Historias que contar, rebeldía que compartir. La impotencia une y nos hace iguales frente a la brutalidad de los funcionarios de la administración sudafricana, que siguen ahí, sólo debes levantar la vista y divisarlas deslizándose a cámara lenta de izquierda a derecha, adelante, atrás. Son reconocibles sus voces pero se pierden en el espacio infinito. Acertijos. A quién se dirigen. A ti, a mí, a él, a ella. La boca de mi muñeca gesticula mientras la miro y de ella salen sonidos transformados en palabras, a veces con sentido y muchas otras sin él, pero a dónde se dirigen, cuál es el objetivo del disparo, yo o el de mi izquierda, un acertijo. Alzo mi brazo, alzo mi voz, me excuso, una y otra vez, pero nada de nada, está bien entrenada para evitar mi mirada, la de los del otro lado del mostrador. La mala hostia que controlas no se escape por las orbitas de tus ojos o de tu boca te consume, y la impotencia de saber que debes abandonarte a ser consumida por la ira te descompone, porque ellas tienen el poder, y no escatiman una oportunidad para recordártelo. ¿Reconoces algún espécimen?…. Noticia de última hora, pueden localizar a los secuestradores de la marca Mandela en las calles de Londres, especímenes de varias nacionalidades han encadenado al líder del pasado en el presente del merchandising. Hoy el telediario sudafricano ha hecho público el aumento del número de violaciones a niños, mujeres, secuestros y robos respecto al año anterior; y yo he conseguido mi visado;  y Mugabe ha ganado las elecciones presidenciales, pero eso es otra historia…


Al Jazeera reporter