Archivos para Junio 2008

Ser afrikáner

El temperamento de los afrikáners se asemeja a su lengua, abrupta, ruda y sin armónica melodía. Altivos, desconfiados, e inhóspitos seres que habitan en un lugar al que pertenecen por derecho de sangre. La sangre derramada por aventureros europeos, buscadores de tierras donde echar las raíces de un pueblo y dibujar una patria. No debe ser fácil nacer y crecer en un medio adverso, construido a sangre y fuego por aquellos que condenaron a otro pueblo a la no existencia. El reino de las tinieblas que edificaron no podía durar siempre, no existe un escondite que dure una eternidad. A las tinieblas le sigue el reino de la luz, cegadora para aquellos que se resisten a abandonar sus posesiones. Y aquí están luchando por sus posesiones, seres melancólicos por lo perdido, la tierra, el dominio, la razón misma de la existencia. Afrikáner denominación de origen Sudáfrica. Luchan por mantener la raza pura, son pocos y todo está en su contra. Incomprendidos refugiados en reservas, luchan por no desaparecer, porque son los últimos y cuando ellos no estén, su nombre será desterrado a los archivos de la historia negra de la humanidad. Y ahí están siendo parte de la inmensidad y circunscritos a un purgatorio. La reserva afrikáner. Las relaciones interpersonales se edifican desde la niñez, se mantienen los mismos lazos que visten una vida, compañeros de las mismas escuelas, mismos institutos, mismas universidades, matrimonios puros, embriones monocolor. Viven en la reserva que han levantado tras el advenimiento de la luz. Comen, beben, fornican siempre dentro de esos lindes protegidos de los otros. No pueden permitirse la mezcla, perderían la batalla contra aquellos que no entienden su guerra. Verse solos ante el mundo los convierten en toscos habitantes que no buscan toparse con lo desconocido. Extraño pertenecer a algo que sabes ya desaparecido y que nunca volverás a recuperar, hay quienes querrían ver en ellos a los últimos románticos, los desposeídos parias que ofendieron a sus antepasados europeos con la edificación del reino de las tinieblas. Otros han ocupado los puestos de mando, son los liberados. Desposeídos convertidos en poseídos, esclavos convertidos en amos. El arco iris ilumina los afrikáner rostros condenados al purgatorio. El infierno llegará, pero primero debe ser cumplida la condena.

afrikáner fuera de la reserva

Imágenes de bárbaros españoles en Sudáfrica

Semanas atrás, Sudáfrica protagonizó los telediarios occidentales europeos con la imagen de un hombre negro en llamas ejecutado por ser de los otros, el extranjero. Hoy el telediario sudafricano transmite las imágenes de un hombre blanco quemado, mientras otros asaltan carreteras, fuerzas de seguridad arremeten contra individuos armados con cebollas y naranjas, arden neumáticos,… el rótulo recuerda que eso está pasando en España. Hoy soy popular, a pesar de ser una extranjera en el continente africano, España está presente en las retinas sudafricanas. No ha pasado ni un mes cuando era yo la que apremiaba a los habitantes de la ciudad sudafricana donde resido a preguntas sobre la caza al extranjero, pero hoy, hoy yo he sido la interrogada por los otros, curiosos por entender a los extraños habitantes del sur de Europa, aquellos que justo hace un año también fueron estrellas del telediario sudafricano al emitirse imágenes de mossos d’esquadra golpeando sin compasión a unas mujeres detenidas extranjeras, pero esa es otra historia. Hoy soy la estrella del lugar, solicitada por doquier. La repuesta es la misma en Sudáfrica que en España. Miedo. Miedo a no poder mantener el mismo nivel de vida en el norte rico, miedo a perder la vida misma en el sur. Diferentes tipos y niveles de miedos. Hoy el miedo a la pérdida de bienestar material, que no social, pasea por las calles españolas: el miedo a no llegar a final de mes. Las protestas se dirigen a los administradores de las cajas que permiten que se pague el combustible a precio de países del norte rico, pero somos parte del norte rico, o no lo somos… Protestas por la subida de la gasolina, por la subida de los pisos, … no llega el sueldo a final de mes, es un escándalo. Especulación quién es el culpable. Pero hoy son autónomos del transporte, de la agricultura quienes reclaman bajadas de los precios de combustible. Pero  somos el norte rico, pagamos más porque ganamos más, o no somos el norte rico. La moderación salarial, el aumento del número de autónomos con jornadas de 11 horas diarias, ya eran parte de la cotidianidad española desde que en los años 80 el gobierno socialista de Felipe González abogara por los contratos basura. España es ejemplo para las cancillerías europeas, y ahora se han puesto manos a la obra y quieren institucionalizar la jornada laboral a la española. Desde la transición, los sucesivos gobiernos socialistas y conservadores han cubierto el país con un tupida red de autónomos, convencidos por ser empresarios de microempresas unipersonales, España es empresaria. Alegría para unos pocos. Las jornadas laborales de 65 horas, que se quiere implantar a nivel europeo, ya son parte de la rutina laboral española, salvo para aquellos que son integrantes de la maraña de funcionarios públicos. Ahora nuestro ejemplo puede ser compartido por nuestros compañeros europeos, somos los primeros, orgullosos debemos de estar de ser ejemplo de nuestros hermanos del norte rico. Pero somos parte del norte rico, o no lo somos. Hay miedo, miedo a aquellos que osan protestar, reclamar algo que es suyo, a alzar la voz, o a recordarnos qué somos y que tenemos lo que nos merecemos tras años de desidia y condescendencia. Ya no vale amenazar con monstruos lejanos, abstractas profecías sobre lo que podría pasar, no pasar.. el monstruo está más cerca, está aquí, es parte de uno mismo y siempre ha estado dispuesto a irrumpir violentamente sin pedir permiso. Miedo a perder, cuando se tiene algo que perder, esa es la condena que arrastra el mundo occidental rico. Miedo. Miedo a no tener el café marca acne preferida para desayunar, miedo a tener que usar el transporte público, miedo a perder algo mío, porque es sólo mío, entiendes. Y qué fácil es manipular esos miedos, inseguridades que se esconden en el asiento de atrás de nuestro automóvil corpóreo. El moro, el terrorista, el extranjero, el huelguista, … ¡qué viene el lobo¡. Les informamos señores y señoras que los lobos que habitaban la meseta occidental ibérica fueron exterminados o condenados a vivir en reservas, no les teman están controlados en campos de concentración sin que quepa la posibilidad de que vuelvan a amenazar de nuevo a las cabras, ovejas, gallinas, conejos, u otros animales ibéricos. Por favor respiren, todavía nos reconocemos como nosotros, las bestias que se aniquilan con hachas, queman a hombres vivos, arrasan los supermercados, violan a niños y mujeres siguen siendo otros, y quedan muy lejos de nuestra Europa.

   

Pero yo estoy en Sudáfrica y los sonidos que llegan de la parte de arriba son ecos vaciados por el olvido de nuestro pasado, de nuestros antepasados, de todos aquellos y aquellas que lucharon y dieron su vida para que vivamos como vivimos… pero eso es otra historia. 

Santuario I: Sudáfrica

En febrero de 1990 salí a celebrar la puesta en libertad de Nelson Mandela, no estaba sola. Mis compañeras de  andanzas adolescentes compartieron la dosis alcohólica establecida para el ritual de celebración, reímos, gritamos, exaltadas por la victoria, que creímos era nuestra. Una batalla ganada en nuestra guerra por las esperanzas aún no rotas, sueños presentes frente a un, todavía, largo camino futuro en el que todo podía pasar, y todo debía cambiar….

pero se hace camino al andar  y nada pasa y nada cambia… Como buena hija de tierras culturales católicas siempre he sentido la necesidad de peregrinar a aquellos santuarios construidos durante nuestro periodo de formación como individuos autónomos europeos. Temer, ya sabéis aquellos. Temer marca nuestras elecciones en nuestras vida. Teme conseguir aquello que anhelas, susurra el hombre del saco. Sí, exijo encontrarme con mis santuarios. Tiempo, tan revalorizado en estos días, he invertido para montar mis santuarios, levantar edificios, rincones de fugaces encuentros, dibujar caras, bosquejar pensamientos, componer tonalidades de sonidos, de colores, y escribir bandas sonoras que me conmuevan, que me hagan sentir, sea cual sea su traducción en placer o dolor, exigimos sentir. Pero nadie nos advirtió, durante nuestro periodo de transformación en individuos autosuficientes, que somos lo que nuestra mente crea ¿autónomamente?, y a lo largo de nuestras breves existencias nos embarcamos en busca de nuestras arcas perdidas, tablas de salvación en la tempestad vital. Nuestros santuarios son habitados por héroes mitológicos que nos señalan el punto perdido en el horizonte, nuestras referencias físicas, que no mentales, para movernos sin rumbo. Pero dónde están nuestros santuarios habitados por nuestros héroes, he recorrido miles de km para encontrarme con algunos de ellos, pero no están, o no quieren ser encontrados, o han sido olvidados, o nunca han existido. Y aquí estoy sin rumbo en Sudáfrica para descubrir el nuevo santuario de otros, o mío, o de nadie…. y desde aquí se iniciará esta bitácora de una europea en Sudáfrica. 


Al Jazeera reporter