Ejecución pública del César Thabo Mbeki

El golpe de estado de la ejecutiva del ANC al presidente de la república me ha lanzado cual torpedo a las profundidades de la caverna de las sombras. Unos ojos cristalinos rotos y una voz fluyendo entre el temblor y la firme sequedad sonora me ha hecho dudar, será verdad lo que sus adversarios airean por los corrillos de poder: el emperador sudafricano caído es un hombre maquiavélico, un oscuro ser de movimientos serpentinos. Me resistía a creer eso de él. Él estaba destinado a regentar uno de los rincones de este santuario de almas perdidas. Me cuesta creer que una vida en sacrificio a una causa, una vida construida por otros que no por él fuera barrida sin pestañear de los anales de los héroes del movimiento de liberalización sudafricano. Una vida a cambio de una causa, un partido, el ANC. Qué extraño en estos días. Thabo Mbeki no conoce el significado de descubrirse en la adolescencia, de abandonarlo todo por un amor de verano, ni el dolor de reconstruirse trocito a trocito tras una caída sin paracaídas por el terraplén. Thabo no eligió la vida que el partido tenía destinada para él. Nacer en una familia de activistas políticos, con un padre miembro clave del partido comunista, y una madre devota a su marido, predestinó la vida de un niño nacido en una sagrada familia. Una planificación al detalle de una trayectoria vital. Thabo Mbeki fue arrancado del núcleo familiar, exiliado en la adolescencia, y adoctrinado e instruido para servir al partido. Sus estudios, sus lugares de residencia, su mujer fueron cuidadosamente seleccionados por otros que no por él. Y el final ha sido la última representación en su vida pública impuesta por el partido, el césar ha sido ejecutado en la plaza pública, el parlamento. Los cuchillos ejecutores penetraron sin dificultades en unas carnes flácidas por el cansancio de la penitencia recorrida. Varios han sido los Brutos y Brutas, diputados y diputadas, que empuñaron el cuchillo de la traición por una causa mayor, la supervivencia del partido de la mano de su nuevo emperador Jacob Zuma.Me pregunto cuánta dosis de cinismo debe ser necesario para sobrevivir a una traición como la presente tras la ofrenda de una vida a los caprichosos dioses del Olimpo. La representación de la tragedia sudafricana no desmerece a los maestros griegos y romanos, mis ojos sucumbieron a las torrenciales aguas. No he dejado de darle vueltas al sentido o al sin sentido de dar una vida en sacrificio a algo tan inmaterial y voluble como un movimiento de liberalización. No he dejado de preguntarme estos días cuándo Thabo Mbeki sucumbió a las hermosas sonatas del poder susurradas al oído, armonías para ser escuchadas solamente por el elegido. Cuándo olvidó que a un mesías le sigue otro mesías. Cuándo olvidó que los dioses del Olimpo nunca desaprovechan una oportunidad para mostrar su naturaleza implacablemente caprichosa. Aquellos que serán alzados como nuevos mesías que tomen nota de esta última representación. El rey en el trono lo pone el partido y el partido lo quita. Dudas, quién debe regentar el poder de poner o quitar a reyes y reinas, los votantes, los partidos, los dioses,…. No puedo quitarme de la cabeza al César que olvidó quién le aupó al poder, que se negó a escuchar, que se creyó el elegido para convertir a Roma en un nuevo fastuoso Olimpo, y terminó traicionado en la casa de los patricios, asesinado por y para la República. En el 2008 el ANC ha escrito una nuevo capítulo, que no el último, de los anales de los Césares. Qué extraña familia ésta, sin adscripción ideológica pero que va de la mano de marxistas-leninistas, donde uno se tropieza con oportunistas miembros enriquecidos a la sombra del estado gracias a políticas económicas, marca consenso de Washington, diseñadas por Thabo Mbeki; con reconocidos miembros feministas que van de la mano de tradicionalistas defensores de la poligamia y la prueba de la virginidad,… Ese extraño baturrillo de colores y músicas tiene un nuevo césar zulú, Jacob Zuma.  Mientras es preparada la llegada del nuevo mesías al trono un gris funcionario del partido cuidará de los asuntos de estado.Sigo sin discernir cuál fue la imperdonable traición de Thabo Mbeki a los dioses; y sigo sin entender por qué Jacob Zuma buscaba mi mirada entre los corredores de la casa pública, estará buscando aumentar su harén de seis esposas a siete con una española no inscrita en el califato de Córdoba. Los caprichos de los dioses del Olimpo son…, no esa es otra historia.

 

 

Redención sin justicia

Un comentario de un sudafricano de raza blanca de origen británico, para más señas, me ha provocado tal revolcón estomacal que ha conseguido exorcizar el influjo de la pereza blogera que dominaba en mí. Para sacudir el anquilosamiento he pinchado Voodoo Chile blues y todo ha empezado a fluir… La cosa huele mal, apesta, hemos sido agraciados por los sentidos que nos avisan, que nos alertan: alejarse del mal olor. Y huele mal. El buen quehacer de la comunidad judía ha conseguido que el olvido no gane la guerra contra el olor fétido, todavía. Los alemanes siguen vistiendo el traje de la culpabilidad por los crímenes cometidos por una generación, arrastrando las pesadas cadenas de la conciencia cristiana europea. El holocausto tiene su día mundial de conmemoraciones por doquier, gracias a la laboriosa acción de los diplomáticos israelitas dentro de la plataforma de las Naciones Unidas, y gracias a los grandes estudios hollywoodenses no pasan muchos años entre producción y producción de temática “nuestros héroes y nuestras víctimas del gran crimen contra la humanidad”. Si alguien nos preguntara cuál es el crimen contra la humanidad más importante del siglo XX, no dudaríamos en contestar: la exterminación judía del Tercer Reich. El quehacer de la pequeña comunidad judía debería ser modelo a tener en cuenta en procesos de memoria histórica. 58 años y no hemos olvidado. Sus criminales han sido buscados y exterminados. Ojo por ojo, diente por diente. Los enriquecidos a la sombra del crimen siguen siendo señalados por el dedo acusador y toda una generación de alemanes sigue aplicando la ley del silencio y la inclinación de cabeza para someterse al mea culpa. El olvido no comulga con el perdón y el perdón no va de la mano del olvido. Las cosas pueden no salir bien cuando no se cumple la obviedad. Y estamos en Sudáfrica. Y tengo melancolía del quehacer judío. El infierno fue real en Sudáfrica para el 90% de la población condenada a la esclavitud. El infierno es real en Sudáfrica para el 60% de los ciudadanos negros condenados a la violencia económica. Dónde está el perdón comunitario de los culpables. No existe una sola generación, hay muchas generaciones de sudafricanos blancos que desarrollaron, sostuvieron y comulgaron con la condena de por vida a la esclavitud del hombre negro. Millones de personas fueron sometidas en vida al infierno durante 40 años. El infierno no fue destruido con las bombas americanas y el ejercito rojo. El infierno se desvaneció de un día para otro permitiendo que los cantos de sirenas guiaran sus restos a plácidas tierras. El artilugio de la comisión de la verdad, vanagloriado en palaciegos rincones, ha sido un instrumento de redención que no de justicia. Si no se reconoce el crimen no existen criminales. Dónde están las ordenes de busca y captura de los criminales del apartheid. ¿El apartheid fue un crimen contra la humanidad?. ¿Negros africanos son humanidad? ¿Millonarios blancos son criminales?. Reconocemos los crímenes contra la humanidad a través de los tribunales de Nuremberg, la exYugoslavia, Ruanda, Sierra Leona. Eso quiere decir que si no hay tribunal internacional amparado por las Naciones Unidas, entonces, no existe crimen contra la humanidad, o quizás es necesario la guerra como instrumento de reconocimiento masivo del crimen infligido. El fin del apartheid no vino de la mano de la destrucción total y la nueva Sudáfrica no apareció de la nada. Sólo es posible un renacer desde las cenizas, cual ave fénix. Es posible pasar página sin justicia. Fue un crimen contra la humanidad o no lo fue. Las prisiones están vacías de los criminales que impusieron el infierno a millones de sudafricanos, los enriquecidos al calor de la hoguera siguen disfrutando de suculentas licencias de explotaciones de recursos naturales. Pues dudamos fue o no fue un crimen. Dónde está el buen quehacer de la comunidad judía. Dónde están los criminales del apartheid hoy ¿eliminados?…..Y todo esto porque no consigo desprenderme de las palabras de blancos sudafricanos denunciando la situación de hombres y mujeres blancas castigados por el látigo de la pobreza, mofándose del mal quehacer negro. Quizás mi daltonismo me impide distinguir a los blancos residentes en los townships… sí, quizás ese es mi problema. Por favor si localizas a uno en estas imágenes serás premiado con un tirachinas marca Madiba, no es válido la blanca que realizó la grabación. …

Adivina, adivinanza de qué color es el dueño y señor de las minas de cobres, diamantes,… en la actual Sudáfrica. Es necesario aplicar justicia para que los criminales no olviden el crimen cometido y sean perdonados.. Pero esa es otra historia….

Sobredosis de Madiba

Me he quedado colgada. Y a pesar de reiniciar mi disco duro una y otra vez, éste se niega a descolgarse, sigue colgado en el limbo de Neverland sin voluntad de volver a la cotidianidad del presente. Quién, cómo, qué ha provocado este efecto catatónico. La culpa no la tiene el cha-cha, la culpa la tiene una fecha en el calendario. El 18 de julio se celebró el nonagenario aniversario de Madiba para los compatriotas, Nelson Mandela, sin más, para el resto. Ese día el país de origen se lanzó a la carrera sin obstáculos para ganar el premio al más madibiano del país. El mejor situado en la línea de salida fue el último presidente del régimen apartheid, mister De Klerk, el cual felicitaba y agradecía a su antiguo enemigo, y ahora único colega de correrías transicionales en reconocerle la “grandeza” de poner fin a un sistema autoritario que algunos, sino muchos, de sus congéneres consideran una traición. A la derecha del “traidor”, por algo resido en zona afrikáner, se posicionaban compañías eléctricas, y de telecomunicaciones, las cuales han atizado sin compasión a los televidentes y viandantes con campañas publicitarias festejando una comunión nacional para desear felicidades a Madiba. Mi retina sigue poseída por alienígenas que sostienen en sus manos exuberantes pasteles de nata con el número 90. Mis ojos se abren y cierran, un sin cesar parpadeo para descubrir que no es una alucinación estacional (estamos en el invierno sudafricano). No. No son los reyes magos desembarcando en el cabo de las tormentas seguidos de niños hambrientos a la caza de caramelos lanzados al paso de la cabalgata real. Esos niños, muchos niños, van a la caza de otro objetivo menos dulzón. Niños porque a Madiba le gusta los niños, sí con lo que más disfruta en sus días de retiro es con la compañía de los niños. Y las antenas de todas las escuelas del país han captado la señal con el mensaje, todas excepto las escuelas privadas para los niños de raza blanca, asaltar las calles, plazas, estadios,… Alumnos cantarines de todo el país han sido expulsados a la invernal calle para corear happy birthday, una y otra, y una vez más. Salir niños del mundo y si Madiba cayera ir a buscarle. La cosa no quedó en una dosis de 24 horas sobre las aventuras y correrías de Nelson Mandela. La fiesta se prolongó durante todo el fin de semana porque, muy convenientemente, el 18 de julio ha caído en viernes. Al día le siguió otro día, al cual le acompañó la cena con sus compatriotas de partido. Junto al presente presidente del país, más el futuro presidente, el celebrado camarada de partido compartía los momentos ceremoniales para los discursos de buenas voluntades y palabras inocuas. En ese momento mi disco duro empezó a mostrar un funcionamiento extraño, desigual, discontinuo. Mi cabeza, sin aparente control, me abandonaba en busca de un rayito de sol en el cielo infinito, ensimismándose con la buena nueva de un trocito de claridad en el negro horizonte, descolocándose de dónde tenía la atención centrada: ¿quién puede matar a un niño?. La guinda de la maratoniana festividad madibiana fue la retransmisión nocturna de un concierto londinense, los niños cantarines ya habían sido recogidos de las calles, plazas, estadios…, la llegada de la nocturnidad trajo consigo una invasión de otras especies alienígenas. El asalto de los espacios públicos audiovisuales de Annie Lenox, Queen, Will Smit&mujer,…,  y Simple Minds, terminó de colapsar mi disco duro. La imagen de Jimmy Kerr balanceando su barriga cervecera en un sin cesar de movimientos interrumpidos que resquebrajaban las carnes flácidas al unísono que la voz, fue demasiado escatológica. Ese escocés incapaz de entonar la sintonía de antiguos himnos, la mía quebró cacareando ¿Free Mandela?, provocó el definitivo colapso cerebral. No sé cuántas veces más tendré que reiniciar el disco duro para convencerme volver al presente. Un presente con la noticia, adecuadamente enterrada bajo el maratoniano aniversario nacional, de que la desigualdad económica en Sudáfrica es mayor hoy que durante el antiguo régimen autoritario. La transición a la democracia que consiguió convertir en emblema generacional: un hombre, un voto, hoy es una de las democracias más injustas en el mundo. Traducido a la esencia de lo básico: hay pobres más pobres, y hay ricos más ricos en Sudáfrica. El movimiento y partido de izquierdas que lideró, y gobierna desde entonces, al país en la transición democrática desde el sistema autoritario impuesto por la raza blanca, no ha sido capaz de restaurar una justicia social, suscrita en los discursos de liberación pronunciados por Madiba hace ahora 14 años, la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos sudafricanos. El último informe sobre el desarrollo social del país, cocinado por el gobierno, presenta un panorama desolador para aquellos que nacen dentro de una familia negra de clase media o baja. Este informe recoge los datos del año 2007 no reflejando la catastrófica situación presente de la mayoría de los ciudadanos, engullidos por el endeudamiento para hacer frente a la subida de precios de los alimentos. En un año, la cesta de la compra ha subido un 100% y, sin intención de abandonar la marcha del subidón, cada mes los precios suben y suben, como la espuma de la caña de cerveza que ahora no pueden permitirse, para la desesperación de aquellos que acuden todos los días a los mostradores de los supermercados. El precio de la gasolina sigue disparada, las eléctricas se han apuntado a la fiesta de los beneficios netos,… Sobrevivir hoy en este país es mucho más duro que un año atrás. Negro carboncillo es el color del futuro cercano en Sudáfrica. Qué quieren los ciudadanos sudafricanos un nuevo Mesías o nuevas políticas redistributivas no contaminadas por la corrupción, es el momento de pensar en ello con las próximas elecciones generales a la vuelta de la esquina, pero esa es otra historia y yo continuo colgada… 

La sacrosanta administración

Aviso a navegantes: ¿fraternidad sudafricana? Secuestrada; ¿hospitalidad sudafricana? Secuestrada; ¿la marca Mandela? Secuestrada por especímenes reconocibles por doquier, quizás uno de ellos se encuentra justo a tu derecha, o encima de ti, mira con cautela porque el próximo secuestrado puedes ser tú. Esta semana me he topado con algunos de ellos, esos, que aunque te niegues a reconocerlos por el método de la avestruz, siempre están ahí. Procedo de los lindes de la Unión Europea y como cualquiera de los extranjeros caídos del cielo en territorio sudafricano me ha tocado lidiar con el funcionariado de inmigración. Un visado es mi meta. La llegada del día de su tramitación lo había estado posponiendo porque sabía muy bien a lo que debía enfrentarme. La fraternidad y hospitalidad sudafricana es una entelequia todavía por descubrir, y la brutalidad está impresa en negro sobre blanco. Nada es fácil en este país, y eso hace mella en los caracteres de los especímenes que residen al sur del continente africano. Yo sabía a lo que debía de enfrentarme. La oficina de inmigración está controlada por algunos de esos especímenes. Esta vez han tomado la forma de mujeres, jóvenes algunas viejas otras, dispuestas como muñecas rusas al otro lado de un mostrador, por inercia, la que mensualmente alimenta sus cuentas corrientes, se mueven de derecha a izquierda, hacia delante hacia atrás, deslizándose sin rudos movimientos, como si visualizáramos una secuencia a cámara lenta, cada acto de estas muñecas rusas es único. Muy diferente es el ritmo de los que llegamos al otro lado del mostrador, locomotoras a marcha forzada por llegar a la meta de la carrera de salto de obstáculos, nuestro permiso de residencia en Sudáfrica. Primeros, segundos, terceros,…, hasta conseguir tocar con nuestras puntas de los dedos el preciado sello. Pero no estoy sola. A pesar de ellos, el calor humano está integrado en cada una de las partículas del aire secuestrado en la sala de espera de tramitación de visados. Africanos de todas partes reunidos, día tras día, en un mismo cuarto, a sabiendas de que allí uno llega para dejar pasar las horas. Historias que contar, rebeldía que compartir. La impotencia une y nos hace iguales frente a la brutalidad de los funcionarios de la administración sudafricana, que siguen ahí, sólo debes levantar la vista y divisarlas deslizándose a cámara lenta de izquierda a derecha, adelante, atrás. Son reconocibles sus voces pero se pierden en el espacio infinito. Acertijos. A quién se dirigen. A ti, a mí, a él, a ella. La boca de mi muñeca gesticula mientras la miro y de ella salen sonidos transformados en palabras, a veces con sentido y muchas otras sin él, pero a dónde se dirigen, cuál es el objetivo del disparo, yo o el de mi izquierda, un acertijo. Alzo mi brazo, alzo mi voz, me excuso, una y otra vez, pero nada de nada, está bien entrenada para evitar mi mirada, la de los del otro lado del mostrador. La mala hostia que controlas no se escape por las orbitas de tus ojos o de tu boca te consume, y la impotencia de saber que debes abandonarte a ser consumida por la ira te descompone, porque ellas tienen el poder, y no escatiman una oportunidad para recordártelo. ¿Reconoces algún espécimen?…. Noticia de última hora, pueden localizar a los secuestradores de la marca Mandela en las calles de Londres, especímenes de varias nacionalidades han encadenado al líder del pasado en el presente del merchandising. Hoy el telediario sudafricano ha hecho público el aumento del número de violaciones a niños, mujeres, secuestros y robos respecto al año anterior; y yo he conseguido mi visado; y Mugabe ha ganado las elecciones presidenciales, pero eso es otra historia…

Ser afrikáner

El temperamento de los afrikáners se asemeja a su lengua, abrupta, ruda y sin armónica melodía. Altivos, desconfiados, e inhóspitos seres que habitan en un lugar al que pertenecen por derecho de sangre. La sangre derramada por aventureros europeos, buscadores de tierras donde echar las raíces de un pueblo y dibujar una patria. No debe ser fácil nacer y crecer en un medio adverso, construido a sangre y fuego por aquellos que condenaron a otro pueblo a la no existencia. El reino de las tinieblas que edificaron no podía durar siempre, no existe un escondite que dure una eternidad. A las tinieblas le sigue el reino de la luz, cegadora para aquellos que se resisten a abandonar sus posesiones. Y aquí están luchando por sus posesiones, seres melancólicos por lo perdido, la tierra, el dominio, la razón misma de la existencia. Afrikáner denominación de origen Sudáfrica. Luchan por mantener la raza pura, son pocos y todo está en su contra. Incomprendidos refugiados en reservas, luchan por no desaparecer, porque son los últimos y cuando ellos no estén, su nombre será desterrado a los archivos de la historia negra de la humanidad. Y ahí están siendo parte de la inmensidad y circunscritos a un purgatorio. La reserva afrikáner. Las relaciones interpersonales se edifican desde la niñez, se mantienen los mismos lazos que visten una vida, compañeros de las mismas escuelas, mismos institutos, mismas universidades, matrimonios puros, embriones monocolor. Viven en la reserva que han levantado tras el advenimiento de la luz. Comen, beben, fornican siempre dentro de esos lindes protegidos de los otros. No pueden permitirse la mezcla, perderían la batalla contra aquellos que no entienden su guerra. Verse solos ante el mundo los convierten en toscos habitantes que no buscan toparse con lo desconocido. Extraño pertenecer a algo que sabes ya desaparecido y que nunca volverás a recuperar, hay quienes querrían ver en ellos a los últimos románticos, los desposeídos parias que ofendieron a sus antepasados europeos con la edificación del reino de las tinieblas. Otros han ocupado los puestos de mando, son los liberados. Desposeídos convertidos en poseídos, esclavos convertidos en amos. El arco iris ilumina los afrikáner rostros condenados al purgatorio. El infierno llegará, pero primero debe ser cumplida la condena.

afrikáner fuera de la reserva

 

Imágenes de bárbaros españoles en Sudáfrica

Semanas atrás, Sudáfrica protagonizó los telediarios occidentales europeos con la imagen de un hombre negro en llamas ejecutado por ser de los otros, el extranjero. Hoy el telediario sudafricano transmite las imágenes de un hombre blanco quemado, mientras otros asaltan carreteras, fuerzas de seguridad arremeten contra individuos armados con cebollas y naranjas, arden neumáticos,… el rótulo recuerda que eso está pasando en España. Hoy soy popular, a pesar de ser una extranjera en el continente africano, España está presente en las retinas sudafricanas. No ha pasado ni un mes cuando era yo la que apremiaba a los habitantes de la ciudad sudafricana donde resido a preguntas sobre la caza al extranjero, pero hoy, hoy yo he sido la interrogada por los otros, curiosos por entender a los extraños habitantes del sur de Europa, aquellos que justo hace un año también fueron estrellas del telediario sudafricano al emitirse imágenes de mossos d’esquadra golpeando sin compasión a unas mujeres detenidas extranjeras, pero esa es otra historia. Hoy soy la estrella del lugar, solicitada por doquier. La repuesta es la misma en Sudáfrica que en España. Miedo. Miedo a no poder mantener el mismo nivel de vida en el norte rico, miedo a perder la vida misma en el sur. Diferentes tipos y niveles de miedos. Hoy el miedo a la pérdida de bienestar material, que no social, pasea por las calles españolas: el miedo a no llegar a final de mes. Las protestas se dirigen a los administradores de las cajas que permiten que se pague el combustible a precio de países del norte rico, pero somos parte del norte rico, o no lo somos… Protestas por la subida de la gasolina, por la subida de los pisos, … no llega el sueldo a final de mes, es un escándalo. Especulación quién es el culpable. Pero hoy son autónomos del transporte, de la agricultura quienes reclaman bajadas de los precios de combustible. Pero  somos el norte rico, pagamos más porque ganamos más, o no somos el norte rico. La moderación salarial, el aumento del número de autónomos con jornadas de 11 horas diarias, ya eran parte de la cotidianidad española desde que en los años 80 el gobierno socialista de Felipe González abogara por los contratos basura. España es ejemplo para las cancillerías europeas, y ahora se han puesto manos a la obra y quieren institucionalizar la jornada laboral a la española. Desde la transición, los sucesivos gobiernos socialistas y conservadores han cubierto el país con un tupida red de autónomos, convencidos por ser empresarios de microempresas unipersonales, España es empresaria. Alegría para unos pocos. Las jornadas laborales de 65 horas, que se quiere implantar a nivel europeo, ya son parte de la rutina laboral española, salvo para aquellos que son integrantes de la maraña de funcionarios públicos. Ahora nuestro ejemplo puede ser compartido por nuestros compañeros europeos, somos los primeros, orgullosos debemos de estar de ser ejemplo de nuestros hermanos del norte rico. Pero somos parte del norte rico, o no lo somos. Hay miedo, miedo a aquellos que osan protestar, reclamar algo que es suyo, a alzar la voz, o a recordarnos qué somos y que tenemos lo que nos merecemos tras años de desidia y condescendencia. Ya no vale amenazar con monstruos lejanos, abstractas profecías sobre lo que podría pasar, no pasar.. el monstruo está más cerca, está aquí, es parte de uno mismo y siempre ha estado dispuesto a irrumpir violentamente sin pedir permiso. Miedo a perder, cuando se tiene algo que perder, esa es la condena que arrastra el mundo occidental rico. Miedo. Miedo a no tener el café marca acne preferida para desayunar, miedo a tener que usar el transporte público, miedo a perder algo mío, porque es sólo mío, entiendes. Y qué fácil es manipular esos miedos, inseguridades que se esconden en el asiento de atrás de nuestro automóvil corpóreo. El moro, el terrorista, el extranjero, el huelguista, … ¡qué viene el lobo¡. Les informamos señores y señoras que los lobos que habitaban la meseta occidental ibérica fueron exterminados o condenados a vivir en reservas, no les teman están controlados en campos de concentración sin que quepa la posibilidad de que vuelvan a amenazar de nuevo a las cabras, ovejas, gallinas, conejos, u otros animales ibéricos. Por favor respiren, todavía nos reconocemos como nosotros, las bestias que se aniquilan con hachas, queman a hombres vivos, arrasan los supermercados, violan a niños y mujeres siguen siendo otros, y quedan muy lejos de nuestra Europa.

  

Pero yo estoy en Sudáfrica y los sonidos que llegan de la parte de arriba son ecos vaciados por el olvido de nuestro pasado, de nuestros antepasados, de todos aquellos y aquellas que lucharon y dieron su vida para que vivamos como vivimos… pero eso es otra historia. 

Santuario I: Sudáfrica

En febrero de 1990 salí a celebrar la puesta en libertad de Nelson Mandela, no estaba sola. Mis compañeras de  andanzas adolescentes compartieron la dosis alcohólica establecida para el ritual de celebración, reímos, gritamos, exaltadas por la victoria, que creímos era nuestra. Una batalla ganada en nuestra guerra por las esperanzas aún no rotas, sueños presentes frente a un, todavía, largo camino futuro en el que todo podía pasar, y todo debía cambiar….

pero se hace camino al andar, y nada pasa y nada cambia… Como buena hija de tierras culturales católicas siempre he sentido la necesidad de peregrinar a aquellos santuarios construidos durante nuestro periodo de formación como individuos autónomos europeos. Temer ya sabéis aquellos. Temer marca nuestras elecciones en nuestras vida. Teme conseguir aquello que anhelas, susurra el hombre del saco. ¡Y!, sí quiero reencontrarme con mis santuarios. Tiempo, tan revalorizado en nuestros días, he invertido para montar mis santuarios, levantar edificios, rincones de fugaces encuentros, dibujar caras, pensamientos, tonalidades de sonidos, de colores, y escribir bandas sonoras que me conmuevan, que me hagan sentir, sea cual sea su traducción en placer o dolor, exigimos sentir. Pero nadie nos advirtió, durante nuestro periodo de transformación en individuos autosuficientes, que somos lo que nuestra mente crea ¿autónomamente?, y a lo largo de nuestras breves existencias nos embarcamos en busca de nuestras arcas perdidas, tablas de salvación en la tempestad vital. Nuestros santuarios son habitados por héroes mitológicos que nos señalan el punto perdido en el horizonte, nuestras referencias físicas, que no mentales, para movernos sin rumbo. Dónde están nuestros santuarios habitados por nuestros héroes, he recorrido miles de km para encontrarme con algunos de ellos, pero no están, no quieren ser encontrados, han sido olvidados, o nunca han existido. Y aquí estoy sin rumbo en Sudáfrica para descubrir el nuevo santuario de otros…. y desde aquí se iniciará esta bitácora de una europea en Sudáfrica.